Shadow AI: cómo el uso no controlado de la IA por parte de los empleados amplía su superficie de ataque
Los empleados están adoptando la inteligencia artificial a un ritmo más rápido del que los equipos de seguridad pueden regular, y cada herramienta no autorizada supone una nueva vía de acceso a sus datos confidenciales
Key Points
- Las herramientas de IA generativa se han integrado ya en casi todos los departamentos, pero gran parte de este uso no está documentado ni autorizado.
- Cuando los empleados introducen datos confidenciales en plataformas de inteligencia artificial no autorizadas, se exponen al riesgo de que dichos datos queden al descubierto o se produzcan fugas, así como a incumplimientos normativos y a la pérdida de control y responsabilidad.
- Las organizaciones pueden gestionar el riesgo mediante la creación de un comité directivo de IA, la realización de una evaluación inicial de riesgos, la oferta de alternativas seguras de nivel empresarial acompañadas de políticas claras, la verificación de los controles de seguridad de los proveedores, la formación de los empleados y la implantación de controles adaptativos que proporcionen una visibilidad unificada tanto de la actividad humana como de la de los agentes.
El interés por la inteligencia artificial ha dejado atrás con creces la mera curiosidad. Las herramientas de IA generativa se han integrado ya en los flujos de trabajo cotidianos de prácticamente todos los departamentos, desde ingeniería hasta marketing y finanzas, donde los trabajadores las utilizan para redactar correos electrónicos, analizar datos, generar código y automatizar tareas rutinarias. Las mejoras en la productividad son reales, pero también lo es el riesgo que conllevan.
Y gran parte de ese riesgo es invisible. Gran parte de la adopción de la inteligencia artificial en el ámbito laboral actual no está documentada, no está regulada o es totalmente desconocida para las personas encargadas de proteger la organización. Este es el problema de la «IA en la sombra», es decir, las herramientas, plataformas y modelos de IA que utilizan los empleados sin el conocimiento, la autorización ni la supervisión de los equipos de TI y de seguridad. Piense en ello como la evolución, en la era de la inteligencia artificial, de la «TI en la sombra», ese desafío de larga data que supone que los empleados utilicen software no autorizado. Sin embargo, la IA en la sombra entraña un riesgo mucho mayor debido a la naturaleza de lo que consumen estas herramientas: los datos.
La magnitud de la brecha entre la concienciación y la acción resulta sorprendente. El informe «State of Human Risk 2026» de Mimecast, basado en una encuesta realizada a 2.500 responsables de seguridad informática y de la toma de decisiones en materia de TI de nueve países, reveló que, si bien el 80% de las organizaciones están preocupadas por la filtración de datos confidenciales a través de herramientas de IA generativa, el 60% aún carece de una estrategia específica para hacer frente a las amenazas impulsadas por la IA. Solo el 40 % se siente plenamente preparado. Esa brecha entre reconocer la amenaza y estar preparado para ella es precisamente donde prospera la IA en la sombra.
Cómo el uso de la IA por parte de los empleados amplía la superficie de ataque
No se puede negar que la inteligencia artificial genera oportunidades en materia de productividad, innovación y crecimiento. Sin embargo, cada vez que un empleado pega una lista de clientes en un chatbot gratuito, sube un informe financiero a un resumenador basado en IA o introduce código propio en un asistente de programación no autorizado, está exponiendo potencialmente información confidencial a sistemas de terceros cuyas políticas de retención de datos y de seguridad se desconocen.
¿Confía sus secretos comerciales o sus modelos de fijación de precios a un tercero que no tiene ninguna obligación contractual de proteger esos datos? El uso sin control de las herramientas de inteligencia artificial puede acarrear una serie de riesgos cibernéticos para las organizaciones, entre los que se incluyen:
Exposición y fuga de datos. Las herramientas de IA no autorizadas suelen carecer de controles de seguridad de nivel empresarial. Cuando los empleados introducen datos confidenciales —como expedientes de clientes, secretos comerciales o planes estratégicos— en estas plataformas, dicha información puede almacenarse, utilizarse para el entrenamiento de modelos o quedar expuesta a raíz de una filtración. Las consecuencias económicas son graves, ya que las infracciones ocultas relacionadas con la inteligencia artificial elevan el coste medio de los incidentes en cientos de miles de dólares.
Incumplimientos normativos. Los sectores sujetos a normativas como el RGPD, la HIPAA o la SOC 2 se enfrentan a un riesgo específico. Cuando los datos circulan a través de sistemas de inteligencia artificial que no han sido sometidos a una evaluación previa, las organizaciones pueden infringir, sin saberlo, los requisitos relativos a la residencia de los datos, el consentimiento o el tratamiento de los mismos, lo que expone a la empresa a sanciones normativas y a responsabilidades legales.
Una nueva superficie de ataque basada en agentes. La pérdida de datos en las empresas ya no es solo un problema relacionado con las personas. Los agentes de IA y los flujos de trabajo automatizados se están extendiendo rápidamente por toda la empresa y acceden a datos confidenciales a través de vías que las herramientas de seguridad tradicionales nunca fueron diseñadas para supervisar, como los flujos de trabajo conectados al MCP, los agentes comerciales, las automatizaciones creadas por los usuarios y las herramientas de IA «en la sombra». La adopción avanza a pasos agigantados, por delante de la gobernanza. En la actualidad, muchas organizaciones utilizan agentes de inteligencia artificial activos, pero solo una pequeña parte de ellas les ha concedido la autorización de seguridad completa.
Pérdida de gobernanza y rendición de cuentas. Cuando la inteligencia artificial influye en las decisiones empresariales sin supervisión en ámbitos como la contratación, el análisis financiero o la comunicación con los clientes, las organizaciones pierden la capacidad de auditar, explicar o justificar dichos resultados. Esto genera un vacío en materia de rendición de cuentas, sobre todo a medida que se intensifica el escrutinio regulador de la toma de decisiones basada en la inteligencia artificial.
Amenazas internas. A medida que la inteligencia artificial se integra cada vez más en las operaciones, surgen más oportunidades para que quienes forman parte de una organización aprovechen su acceso para manipular modelos o datos con fines maliciosos o para su propio beneficio. El panorama general de los riesgos relacionados con el factor humano refuerza esta idea: solo una pequeña parte de los empleados es responsable de la inmensa mayoría de los incidentes de seguridad.
Nuevas medidas de control frente a nuevas amenazas
La IA en la sombra no va a desaparecer. Los empleados seguirán buscando las herramientas más eficaces de las que dispongan, con o sin autorización. La solución no consiste en prohibir la inteligencia artificial; para la mayoría de las organizaciones, eso no es ni sostenible ni deseable. La respuesta es regularlo. Los directivos empresariales pueden diseñar una estrategia para la adopción de la inteligencia artificial que se ajuste a sus propios perfiles de riesgo siguiendo los siguientes pasos:
Cree un comité directivo de IA. Cree un grupo en el que estén representados los departamentos de TI, ciberseguridad, datos y análisis, así como las principales partes interesadas de la empresa. Este comité puede revisar las prácticas y políticas relacionadas con la inteligencia artificial, incluido el uso de herramientas, el intercambio de datos y los parámetros de almacenamiento y eliminación de datos, y armonizarlas con la tolerancia al riesgo de la organización.
Realice una evaluación inicial de los riesgos relacionados con la inteligencia artificial. Averigüe qué herramientas y sistemas se han adoptado ya y cuáles son las vulnerabilidades específicas que su uso podría generar; a continuación, establezca un orden de prioridad en las medidas de mitigación basándose en un análisis de la relación entre riesgo y beneficio. Los marcos establecidos, como el Marco de Gestión de Riesgos de la IA del NIST, pueden ayudar a los responsables a analizar detenidamente los riesgos para la ciberseguridad y la privacidad que plantean los sistemas de IA.
Ofrecer alternativas seguras y una política de inteligencia artificial para toda la empresa. Los empleados recurren a herramientas no autorizadas cuando las autorizadas no están disponibles o no son lo suficientemente buenas. Ofrezca alternativas seguras y de nivel empresarial, y acompáñelas de normas claras y bien comunicadas sobre qué herramientas están autorizadas, qué datos pueden compartirse y qué información debe facilitarse en el caso de trabajos en los que se utilice la inteligencia artificial.
Establecer normas cibernéticas para las herramientas de inteligencia artificial. Dado que las herramientas de inteligencia artificial procesan una gran cantidad de datos, constituyen objetivos muy valiosos para los ciberdelincuentes. Analice exhaustivamente los controles y prácticas de seguridad de un proveedor antes de su adopción, incluyendo si la plataforma es segura desde su diseño y qué vulnerabilidades puede presentar.
Comunicarse y educar. Comparta de forma explícita las políticas de IA con todos los empleados y colaboradores, e incorpore este tema en la formación periódica sobre concienciación en materia de seguridad, de modo que todos estén al día sobre las amenazas emergentes y las mejores prácticas. Cabe destacar que, en la actualidad, solo una minoría de organizaciones combina la formación periódica en materia de sensibilización con la supervisión continua, las dos prácticas que ofrecen mayores posibilidades de detectar un uso no autorizado de la IA antes de que cause daños.
Monitor con controles adaptativos. Las normas estáticas no pueden adaptarse al ritmo al que interactúan los empleados y las herramientas de inteligencia artificial en tiempo real. Aplique controles de acceso, esté atento a las anomalías en el comportamiento de los usuarios e implemente controles adaptativos y medidas de seguridad de datos en tiempo de ejecución que ofrezcan una visibilidad unificada tanto de la actividad humana como de la de los agentes, desde los terminales y los navegadores hasta las aplicaciones SaaS, el correo electrónico y las herramientas de inteligencia artificial.
Lo esencial
Las organizaciones disponen de un potencial extraordinario para aprovechar la IA generativa con el fin de impulsar la productividad; sin embargo, ese potencial no está exento de riesgos, y el lapso de tiempo que transcurre entre la identificación de las amenazas relacionadas con la IA y la preparación para hacerles frente constituye una vulnerabilidad real. Las organizaciones deben evaluar y abordar de forma proactiva los riesgos que conllevan la inteligencia artificial avanzada y los flujos de trabajo autónomos. Con una mayor visibilidad y los controles adaptativos adecuados, una organización y su plantilla pueden adoptar con confianza estas nuevas capacidades, al tiempo que mantienen la seguridad de los datos de la empresa y de los clientes.
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